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Descripción
Las leyendas cuentan que el falo de Shiva era tan pesado y ardiente que se desprendió y cayó sobre la tierra, destruyendo al instante con su calor todo lo que se interponía en su camino. Hasta que la Madre Tierra le ofreció su vientre, en el que penetró y descansó para siempre. Así, la potente energía de Shiva permaneció para siempre profundamente conectada con la fuerza femenina de la Diosa.