Život v temné hmotě (La vida en la materia oscura)
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Descripción
Técnica gestual en capas con trazos arremolinados, difuminado de capas de color, pinceladas puntuales y salpicaduras de pigmento, y, en algunos puntos, una estructura plástica. Se han utilizado acrílico y óleo.
La mayoría de las civilizaciones buscaban la vida únicamente en la materia que podían ver.
En las estrellas, en los planetas, en los océanos y en las atmósferas.
Durante mucho tiempo, nadie se preguntó si la conciencia también podía surgir en la estructura invisible que mantiene unidas a las galaxias.
La obra captura el primer encuentro de los protagonistas con la vida en la materia oscura. Los largos arcos rosas, grises y marrones no son cuerpos en el sentido habitual.
Son huellas gravitatorias de un ser que no se puede ver directamente. Su presencia solo se puede percibir por la forma en que el espacio, la luz y el futuro se curvan a su alrededor.
Entre las corrientes de materia oscura se mueven pequeñas formas de colores. No son estrellas ni organismos de materia común. Cada una representa una posibilidad: un acontecimiento, una decisión o una vida que podría surgir.
Y algunas de estas posibilidades van desapareciendo poco a poco.
Al principio, los protagonistas consideran este fenómeno como una avería. Después, como un ataque. Y es que el ser que los rodea se alimenta del potencial no realizado. Les arrebata los caminos sin salida, pero al mismo tiempo también los futuros que quizá desearían conservar.
No tiene nombre.
No conoce el consentimiento, los límites ni la diferencia entre la ayuda y el robo. Solo conoce el hambre.
Solo Ilyr comprenderá que una relación no tiene por qué seguir siendo lo que fue al principio. El parasitismo puede convertirse en mutualismo si ambas partes obtienen el derecho a decidir qué dan y qué se quedan.
Por eso, los protagonistas le ofrecerán un acuerdo a la criatura.
Le permitirán aceptar solo aquellos futuros que ellos mismos han conocido y rechazado libremente.
A cambio, ella les ayudará a leer la capa invisible de materia oscura del universo y, más tarde, también el Atlas de los caminos vivos.
Le pondrán el nombre de Sahr, en honor a la semilla que podría haber crecido.
Así, la imagen no solo captura una vida desconocida.
Captura el momento en que el hambre se detuvo por primera vez ante la frontera de una segunda conciencia.
En la materia oscura no vivía nada que ellos pudieran ver.
Allí vivía algo que podía ver sus futuros.